martes, 14 de junio de 2011

Análisis


Mi mayor y más sufrido defecto es creer en la ciencia
sin embargo, el prestigio institucional,jamás calmara mi tristeza
que se prolonga en La lectura
en aquella línea negra infinita e ininterrumpida

¿Por qué pensar antes de hacer?
¿Por qué el miedo a sentir?
¿Por qué ese mundo es un pecado y mi mayor disfrute?

Un mundo con apariencias de natural
donde los cuerpos rompen los límites sólo por unos instantes
donde al terminar la música aparece la cultura
y ya no sé qué hacer con mi moral

Quisiera que la música nunca dejara de sonar
que mis oídos nunca dejaran de escucharla
poder aunar en mi todo existencial
lo que se me aparece separado, opuesto

¿Qué pasaría si algún día dejara de leer?
¿Alguien no me querría si no lo hubiese hecho?
¿Alguien me quiere por haberme formado en relación con esa lectura?

domingo, 10 de abril de 2011

vivir

Entró caminando despacio
vestía oscuro en la oscuridad
pidió un trago y quedó cerca de la barra
Esa noche cuatro ojos desde lejos se miraban
El juego sería largo
Ella bailó con ganas de bailar con él

La semana siguiendo se volvieron a encontrar,
sintieron ganas de estar cerca.
Charlaron, dijeron sus nombres,
diferenciaron el viento superficial del ventilador
del de la montaña con existencia propia.
A él le gustaba el viento y sus sonidos,
a ella el viento y los movimientos que provoca.
Hablaron de viajes, de rutinas.
Bailaron, vivieron

sábado, 19 de febrero de 2011

Pareja musical

Sentada, escuchando, viendo, pensando, haciendo cuentas, escribiendo, leyendo, ordenando papeles. Un largo tiempo de observación e introspección. La vergüenza y los nervios le afloraban con la sensación de la mirada ajena. No le extrañó que cuando empezó a bailar con él temblaba. No podía disimular la aceleración de los latidos del corazón. Su tranquilidad, sus abrazos, sus caricias, sus miradas profundas fueron suficientes para que se enamorara. Aunque quizá para él esa manera de bailar, con ella, no era más que una forma natural de expresarse sin usar tanto las palabras como el tacto. Pero a ella la liberación de sentimientos, la no represión la enamoraban al mismo tiempo que le parecían una mentira: todo terminaba cuando terminaba la música.

lunes, 17 de enero de 2011

Ganas

Mi abuela Inés tiene alzhéimer. En el geriátrico se hizo amiga de otra abuela con alzhéimer. Un domingo, luego de haber pasado el día con ella, la teníamos que devolver a su casa. Ya no me resulta tan duro verla allí. Cada vez que tenemos que devolverla repetimos la misma estrategia: le decimos que nos vamos de paseo y conseguimos que suba al auto; una vez en el geriátrico, la dejamos con alguna enfermera y salimos corriendo sin decir –Chau- o -Hasta Luego-

Pero ese día me retuvo su amiga, estaba sentada y sujetada como si tuviese un cinturón de seguridad, me abrazó con mucho cariño y me pedía que no la dejara, que la ayudara a salir de la silla. Quería caminar. Me imaginé en su lugar, soy inquieta y uno de mis mayores placeres es disfrutar de mi libertad física, que nada me ate, poder bailar, poder caminar, poder saltar. No habría nada peor para mí que la quietud obligada que estaba padeciendo esa abuela. Por suerte llegó una enfermera, la desató y me explicó que la abuela –Es muy inquieta, no para-

Es raro entender porqué siguen vivos los abuelos que padecen algunas enfermedades que son terribles

Por algo vive Inés, por alguien vive

martes, 30 de noviembre de 2010

Afuera

.A través de una ventana, de una pared sin terminar, en una casa abandonada descubro cuerpos en movimiento
huelo carne a la parrilla
veo, en el cielo, una pelota saltar
escucho gritos, escucho cumbia

alguna vez hice lo mismo, entré a quintas, e hice burbujas de cloro desde el fondo de olvidadas piletas

alguna vez jugué al voley y quebré mi muñeca

alguna vez escuché y bailé cumbia

hoy, frente a mí, un mundo al cual ya no pertenezco.

Quisiera disfrazarme. Me vestiría de entrecasa y escondería en un rodete mi pelo rubio.

Quisiera tirar la lapicera, romper mis anteojos, atravesar la ligustrina y entrar al campito


Firma: un sapo

domingo, 7 de noviembre de 2010

Potatoes

La cáscara marrón cubría a las papas. La cocinera no quiso pelarlas antes de hervirlas. Quien quisiese comer tendría que elegir

No es lo mismo comer puré que comer papas cortadas en cuadraditos. No es lo mismo el todo que una parte del todo, papa pelada o papa sin pelar

¿Quién se toma “el trabajo” de desnudar poco a poco a la papa, de descubrirla, de liberarla para que su naturaleza amarilla no se oculte?

Yo misma he visto cómo multitudes se atragantaban con papas marrones sin importar si estaban crudas y cocidas.

jueves, 12 de agosto de 2010

Silencios

Me acosté. La habitación estaba oscura. Arriba brillaban las estrellas. Sabía que eran engañosos pedazos de un plástico, que brilla en la oscuridad, pegados sobre las maderas del techo de mi cuarto. Aún así, creí que esas estrellas eran estrellas y que no había techo. Cuando volví a sentir mi habitación comprendí que Flor está enamorada: había pegado todas las estrellas de a dos.

Recordé la experiencia de Cata en su colectivo “…son todos curiosos, cuando alguien sube, todos le clavan los ojos, ¿vos no lo haces?...” le respondí que casi nunca, por vergüenza, y ella siguió “…Me senté al lado de un chico que me gustó. Trataba de arreglar mi monedero, ese con forma de ratón y al chico le llamé la atención, me miraba. Cuando terminé de arreglarlo, en silencio, acerqué un poquito mis manos al chico y, como quien no quiere la cosa, le mostré, abriendo y cerrando el monedero, que el ratoncito ya estaba arreglado…” Me pareció divertido y quise copiar la valentía de Cata. Un día elegí sentarme frente a un chico que me gustó. No quería intentar una conversación, sólo lo espié y reí sola. Él lo notó, me observó y sentí vergüenza, me escapé por la ventanilla que tenía a mi izquierda y encontré, a la distancia de una mano, otro colectivo y dentro de él, otros pasajeros con similares comportamientos a los pasajeros de mi colectivo; pero a ellos, separados por dos vidrios (el de mi colectivo y el del colectivo de ellos), era más fácil mirarlos. Miré a una señora comiendo un sándwich, no me preocupó cuando me descubrió pues no compartíamos coche y jamás volvería a cruzármela.

“A nadie le importa lo que hagas, Julieta” Y es cierto, pero, aún así, el otro día me preocupó muchísimo aquel sector al aire libre que quedaba entre la terminación de mis calzas y el comienzo de las botas. Era medio centímetro de piel al aire libre que no me parecía pertinente en invierno. No podía parar de reír imaginando que alguien descubriría esas líneas de piel. Y nadie las vió.