lunes, 22 de marzo de 2010

Cuento con moraleja

Me siento en el auge de mi vida. Soy hermoso, útil, ágil y nuevo en este altillo. Aunque los demás me envidien, desean compartir tiempo conmigo.

Habiendo pasado un mes desde mi llegada, y sin conocer las causas, comencé a ser abandonado paulatinamente. Entonces, ante la desesperación, dejé de lado mi orgullo y en búsqueda de una respuesta, me enfrenté a mis compañeros de altillo. Todos estaban descuidados y heridos, pues su dueño les había asignado un espacio muy reducido para convivir. El enojo generalizado hacia del sonido del lugar, un barullo ensordecedor. Sin embargo, uno de ellos sobresalió de la monotonía y me explicó:
“Todos aquí hemos sido, como vos, alguna vez el chiche nuevo, porque el mercado nos imponía como los mejores. Cada uno tuvo su período de esplendor, que culminó con la aparición de otro que, en apariencia, lo superaba. Así, pasamos a ser olvidados. Al principio, cuando éramos pocos, nos amontonaban en un rincón. Luego, cuando comenzaron a ofrecerse muchísimos juguetes al mismo tiempo, terminamos viviendo en la caja. Cada vez éramos más y más. Nuestro dueño nunca se detuvo, al menos, en alguno de nosotros, lo guía un juego de competencias, donde la cantidad se impone a su elección. Hoy, nuestra única salvación es alguna donación. Ellas calman culpas por el egoísmo material y también calman nuestra necesidad de cariño” .Los escuché, nos entendimos.

Asombrado por explicación de ese peluche, de esa caja, de ese altillo, retrocedí, aceleré y salté hacia la caja. Preferí, en todo caso, esperar junto a ellos el leve gesto de la salvación, aceptando mi condición de juguete olvidado.

4 comentarios:

  1. Hola Juli…
    Estoy muy, pero muy contento por tu respuesta. Me hiciste pensar muchísimo, y por eso tardé en responder.

    Aquí voy(jajajajajajajajajajajajajajajajaja):
    Te voy a pedir disculpas si con mis palabras lastime algo tuyo, pero tenés que saber que esas disculpas no importan en absoluto, porque no creo que haya algo de malo, ni en tu “enojo”, ni en mi “comentario”. Las disculpas son la excusa más fácil, y yo no me quiero excusar de lo que escribí, porque lo escribí con plena conciencia, y porque quería provocar algo en vos, y a juzgar por tu respuesta, creo que lo logré; por eso te digo que mis disculpas son inocuas, porque nada malo hubo para predicarlas. Pero de todas formas voy a pedirte que me disculpes, porque no puedo decirte que no te “enojes” y que no te “ofendas”. ¡Te entiendo, sé lo que es ese enojo! ¿Por qué lo sé? Porque, si el “sentir” te gusta usarlo como base de tus verdades, entonces, yo te digo: sentí ese enojo, y no descarto de volver a sentirlo; creeme, los profesores que “supuestamente” me enseñan a mí, son mucho, pero mucho más pedantes de lo que yo fui con vos por escrito, pero aquellos te dicen que sos “convencional” delante de todos, para después decir que ellos no quisieron “faltarte el respeto”. Me cago en ése respeto, si no se desea faltar el respeto, lo primero que hay que hacer es ser verdaderos, y lo segundo, hacer de cada acción un castigo a las excusas.
    Si crees que al decir que pensabas tal cosa desde una perspectiva “convencional”, tenía yo la intención y propósito de hacerte sentir mal, entonces te voy a decir algo Juli que vos ahora esperas que yo diga: que no era ese mi propósito ni mucho menos mi intención; y en efecto, así es, y lo sabés. Pero eso a vos no te importó, esa disculpa a priori no tuvo valor ni peso, porque vos necesitabas hacerme saber que herí tu orgullo, necesitabas decirme que fui el culpable de eso, necesitabas devolverme algo de mi medicina. ¡Perfecto! Fuiste sincera, fuiste honesta, fuiste verdadera, e hiciste de tu acción un castigo a las excusas. Toda tu respuesta me pareció brillante, me encantó, porque en ella no sólo se ve que pensaste, y que te adentraste en los problemas que se quieren ocultar, sino que en ella se ve que sentiste el vértigo de saber lo frágil y susceptibles que somos. Juli, esa es una altísima conquista.

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  2. En tu respuesta también se ve claramente que, además, YO herí tu orgullo, y eso me hizo sentir muy bien. (No malinterpretemos las palabras, no nos apresuremos a juzgar de tal o cual manera; ésa es la principal fuente de nuestros errores, la mayoría de los cual son malentendidos.) ¿Por qué me sentí muy bien al herir tu orgullo? Por lo siguiente: si sentiste herido tu orgullo, quiere decir que pudiste ver que el orgullo es muy seguro de sí mismo, pero que ante la más mínima amenaza, es el primero en suspender el partido, el primero en reclamar la falta que no existió. El verdadero pedante es aquél que cree que su ignorancia es suya, es aquel que está orgulloso de su ignorancia, de su seguridad y falta de problemas. Y en cuanto ve que esa seguridad ignorante esta en peligro, sale a defenderla como un perro cuando amenazan su territorio, apelando al relativismo para salir del problema, diciendo: “bueno, yo pienso lo que se me da la gana”, o a la culpa para decir: “no todos tenemos las mismas oportunidades de saber tanto como vos”.
    El verdadero pedante es el que aprende, porque nunca supo lo que es aprender, porque nunca sospechó lo mucho que ignora, porque él se ofende y enoja con facilidad, porque él es el que se asusta ante el vértigo que implica saber que no sabe nada. Somos ignorantes Juli, todos y cada uno de los “seres humanos” son ignorantes por naturaleza. Y si todos lo somos, entonces todos somos pedantes-ignorantes-orgullosos-susceptibles-miedosos-injustos. Yo creo que esas peculiaridades no son “buenas”, no son útiles, no son nada, y creo que pueden superarse dudando, aprendiendo a aprender de cualquiera, aprendiendo a recibir ofensas, y a ser lastimados, porque todo lo negativo se vuelve positivo si se le da la oportunidad de no prejuzgarlo, y si nos damos la oportunidad de no determinarnos con conceptos hipócritas como los de “orgullo”.

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  3. Me llamó la atención tu propuesta-barra-acusación: “Siento que usas mucho la cabeza, y razonas correctamente…”
    No me sorprendieron esas palabras, esperaba que dijeras algo parecido en algún momento. Antes yo me sentía muy ofendido cuando me decían eso (me lo han dicho infinidad de veces), porque lo que yo nunca hubiese pretendido es parecer una máquina que escupe silogismos; yo siempre perseguí un entender las cosas, y siempre quise ayudar a los demás a entenderlas, es decir, siempre quise, y siempre querré, compartir lo que conseguía con esfuerzo. Pero las personas no ven eso, no les importa.
    Ahora esas palabras ya no me afectan, porque me di cuenta de que son una reacción natural, y que además, no pretenden “ofender” estrictamente.
    Inmediatamente después, escribís: “…y tu parte animal, podríamos hablar de eso. También somos animales.” Supongo que estabas preguntándome algo así como: “… ¿y tu parte animal?, podríamos hablar de eso.”
    Obvio Juli, podemos hablar de lo que quieras, podes preguntarme lo que desees, siempre y cuando yo no vea rencor-barra-daño en esas preguntas, porque muchas preguntas son una afirmación de lo que en realidad se quiere decir tras ellas. Y como no veo “rencor-barra-daño” en tu “propuesta-barra-acusación” (quizá un poquitito, jejejejeje), voy a hablar de mi parte animal como propusiste.
    Pero esta vez voy a darte a elegir el tipo de respuesta que pretendes leer o escuchar, para así tratar de no ofenderte, y para que veas mis buenas intenciones y el respeto que te tengo:
    Si pretendes que hable con toda sinceridad sobre mi “parte animal”, no podes esperar que responda con protocolos de caballerosidad y respeto. Hablar de mi parte animal tendría que ser en ese caso, una verborragia cruda, sin disfraces morales. Y estoy casi seguro de que no soportarías esas palabras, y me considerarías un “irrespetuoso”, un “machista”, un “pesimista”, y estupideces similares. Aunque me tomaría mucho menos tiempo responder así.
    Ahora, si pretendes que reflexione, todavía siguiendo los protocolos de caballerosidad y respeto, vas a recibir una respuesta “razonada correctamente” (¿?), y por tanto, una respuesta larga, y con mi tono característico (al parecer) pedante y ofensivo.
    Así que lo dejo en tus manos, Juli. Elegí una forma, te vas a dar cuenta de que dicen lo mismo, pero con diferente cara.

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  4. Con respecto a éste último texto que recién acabas de publicar, te digo que me dejo con la boca abierta expresando estupefacción. Voy a pensarlo y a leerlo unas veces más, pero me entusiasma y emociona, por el solo hecho de que no tenga palabras para decir algo de él.

    Te pido que busques y escuches una canción que se me vino a la mente mientras leía éste texto; la canción se llama: "Auto". La banda es "Jaime sin Tierra".

    Un saludo grande y abrazo fuerte Juli…

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