martes, 20 de abril de 2010

¿De qué depende que algo te sea aburrido?

La tierra fue violada. Los felices asfaltaron el camino pedroso, levantaron sus casas y edificaron un prolijo ghetto. Hoy, conviven mosquitos y caniche-toys. El polvo gravita amenazante alrededor de la pulcra paranoia.

Los “civilizados” se aíslan, de manera ficticia, de la “barbarie” vecina con barreras, alambres, cámaras y guardias. Desean exclusividad, son masa. Viven en terrenos separados prolijamente, próximos en un estilo de vida. Viven más fuera que dentro: las casas están hechas de vidrios, todo comportamiento es, en tanto existe un ojo ajeno. No hace falta imaginar mucho con tanta expresividad material.

Una familia festeja junto a sus amigos. Algunos cuerpos tirados, sudan coco y se zambullen en agua, cloro y aceite; otros, gritan; otros, comen asado. El sonido que emiten los cuerpos al caer en la pileta, la música fuerte y los gritos; conforman una melodía que acompaña a los vecinos durante el feliz domingo.

1 comentario:

  1. Y fue entonces cuando Maxi, el perro que vive debajo del alero de la vieja zapatería de Pepe, repaso cansadamente con sus ojos el frente del edificio que hacía poco habían construido; allí, en ése mismo lugar en donde hoy se levanta esa inmensa columna de cemento, estaba la casa chorizo donde vivía doña Josefa.
    Maxi lo recuerda bien: cada mañana, cuando doña Josefa salía a baldear la vereda, llevaba un platito de metal color tiza y alguna que otra cosa comestible para que se alimente.
    Justo en ése momento, Tamara, una joven profesora particular de inglés, salió a observar las plantas de su balcón; no se dio cuenta que Maxi la estaba observando, sentado en la vereda de en frente. Con tristeza, el perro supo cuando vio a Tamara asomarse, que ya estaba demasiado viejo como para entender lo que había pasado con doña Josefa.
    Me detengo en la esquina, bajo el sauce moribundo.
    Dos personas pasan por delante de Maxi, que sigue sentado, y que ahora observa y olfatea a éstos dos ajenos caminando uno al lado del otro, al mismo paso, con la misma velocidad. Se ven compañeros, se ven respetando un pacto placentero, de poca edad, de poco tiempo. Van conociéndose, pasean una mañana de intriga, de querer ver más.
    Oigo:
    - … pero es porque no te creía; no sabía que lo del dedo era así.
    - ¿Pero cómo pensaste que era entonces?
    - No sé, no me acuerdo, cuando tu papá dijo eso, yo pensé que era porque a vos te gustaba.
    Él se acerca más a ella, la abraza tiernamente por sus hombros, mientras ella se le arrima como pidiendo un abrazo más fuerte, él le acaricia el pelo y la besa con fuerza en la mejilla.
    Hacía poco que se conocían, hacía poco que se sentían bien. Se miraron a los ojos cuando pasaban al lado mío, ahí supieron que faltaba poco para algo, y supusieron que debían continuar de esa forma, y con ese paso.
    Nadie sintió la presencia de nadie. Cada uno fue ajeno a lo otro, cada uno no se sabe un otro entre otros. El único testigo, el perro, Maxi, fue un mudo espectador de la coreografía, fue los ojos de un sentido que no vemos.


    Me gustó mucho Juli, gracias
    Te mando una paloma con saludos y abrazos

    ResponderEliminar